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sábado, 2 de julio de 2011

Recuerdos en greda


La repisa tiene casi dos años. El mismo tiempo lleva arriba de ella, inalcanzable sin un esfuerzo que nunca me había propuesto hacer, una figura de greda. Su origen, en todo caso, es mucho más antiguo: 1998 o 1999. Por ese entonces yo cursaba octavo o primero medio, había llegado hace uno o dos años de Rapa Nui y la echaba de menos. Mucho de menos. Por eso, cuando me comentaron que trabajaríamos con greda en un ramo de artes manuales, esculpí la isla. Ahí están los volcanes Rano Kau, Rano Raraku y el Poike, los caminos principales y el pueblo de Hanga Roa. Ahora que la miro, que me fijo en ella, encuentro que no le hace justicia: la isla no es ni café, ni dura, ni fría. Cuando realmente escarbo en mi memoria, la encuentro verdosa, con gente cálida y la razón de una infancia maravillosa.

viernes, 1 de julio de 2011

El poco pasado de Echaurren


El otoño en calle Echaurren tiene un dejo de nostalgia. De algo perdido. Quizá por su casi nulo movimiento, es inevitable fijarse en las pocas fachadas coloniales que ofrece en comparación con sus vecinas República y España. Raro, considerando que todo este sector perteneció a dos quintas: la “Quinta Echaurren” y la “Quinta Meiggs”. Pero eso fue alrededor de 1850, cuando se irguieron esas casas suntosas, mezcla y producto de la envidia y ambición de familias con dinero y apellidos extranjeros. En aquellos años, las señoritas de sombrero paseaban de la mano con sus prometidos de bigote y bastón y los vendedores ambulantes llenaban de gritos e insumos las veredas. Ahora las jovencitas le gritan “hueón” al pololo y comentan la ganas que tienen de que sea viernes para ir esas mismas casas suntuosas a tomarse una chela. También es imposible dejar de pensar que el otoño en calle Echaurren debió ser más cálido hace menos de un siglo atrás, cuando los cientos de faroles color verde petróleo no se confundían con las líneas rectas de los edificios modernos, y el trenvía, desaparecido en 1959 y del que aún se pueden ver los rieles en el asfalto, movilizaba a los vecinos desde la Alameda al sur y viceversa.